2026-10-08
¡Siga adelante! Que la celebración continúe en los meses venideros

Se ha cantado el himno final, se han dicho las despedidas y se han desempacado las maletas. Sin embargo, la visión, la fe y la alegría de la Fiesta nunca tuvieron la intención de quedarse en el lugar de la celebración.
El primer día laboral después de la fiesta tiene un ambiente muy particular. El despertador suena temprano, la bandeja de entrada del correo electrónico está llena y el refrigerador vacío. Hace tan solo unos días, cantábamos con los hermanos, escuchábamos mensajes sobre los diversos aspectos del Reino venidero y compartíamos comidas con amigos, tanto nuevos como los de siempre.
Ahora que la rutina ha vuelto, tenemos dos opciones: podemos dejar que la fiesta se convierta solo en un grato recuerdo, o podemos poner en práctica, lo que Dios nos enseñó, en los próximos meses. El mensaje que Dios les dio a los israelitas cuando estaban desanimados a orillas del Mar Rojo sigue vigente: «Di a los hijos de Israel que marchen.» (Éxodo 14:15).
Seguimos siendo peregrinos
Nos alojamos en moradas temporales durante una semana, tal como Dios lo mandó (Levítico 23:42-43). Ya fuera en un hotel, una cabaña o un campamento, la lección era la misma: esta vida es temporal, y nuestro verdadero hogar permanente es el Reino de Dios que ha de venir.
Regresar a casa no cambia eso. Como escribió Pedro, los creyentes son «extranjeros y peregrinos» (1 Pedro 2:11) y aquellos que pertenecen al «salón de la fama de la fe» «confesaron que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra» (Hebreos 11:13). Es bueno recordar que un peregrino no es un vagabundo. Un peregrino es un viajero con un destino y alguien que se niega a echar raíces en un lugar que no es su hogar.
Los peregrinos que desembarcaron en Plymouth en diciembre de 1620 lo entendieron. Aunque aquel primer invierno les costó casi la mitad de su número, siguieron adelante en lugar de retroceder. Sus líderes escribieron: «No somos como los demás, a quienes las pequeñas cosas no desaniman».
Los peregrinos espirituales caminan con la misma concentración y determinación. Necesitamos una visión que no solo perciba las promesas de Dios a lo lejos, sino también una fe que se aferre a ellas incluso cuando las circunstancias parezcan sombrías. Se nos ha dado un Espíritu diferente al del mundo, por lo que decidimos no volver jamás a la vida de la que Dios nos sacó.
Deje que la visión moldee su vida cotidiana
Entendemos que la fiesta de Tabernáculos representa a Jesucristo reinando sobre toda la tierra, y el Octavo Día simboliza la salvación ofrecida a miles de millones que nunca tuvieron la oportunidad. Sin embargo, estas verdades no se limitan a una sola semana de otoño; dan significado, incluso, a un jueves cualquiera.
Jesús nos dijo que oráramos: «Venga tu reino» (Mateo 6:10), y que buscáramos «primero el reino de Dios y su justicia» (Mateo 6:33). Si tenemos presente el Reino, nos ayudará ahora mismo:
• Nos ayuda a poner lo más importante en primer lugar. Las presiones del trabajo y las cuentas por pagar adquieren su justa dimensión cuando nuestra meta es el Reino.
• Protege nuestra mente. Pablo se refirió a “la esperanza de salvación” como un casco (1 Tesalonicenses 5:8).
• Nos ayuda a comprender nuestras pruebas. Dios está moldeando en nosotros el carácter que necesitamos para vivir en su familia, y las pruebas forman parte de esa preparación (1 Pedro 1:6–7).
• Nos da fortaleza en un mundo injusto. Las injusticias de hoy no quedarán impunes; Cristo juzgará «con justicia» (Isaías 11:4).
• Desarrolla la resistencia. Jesús, «por el gozo que le esperaba, soportó la cruz» (Hebreos 12:2).
Aquí tiene algo sencillo que puede hacer: abra sus notas de la fiesta y elija el mensaje que más le haya conmovido. Luego anote su punto clave y ore sobre él cada mañana hasta que se convierta en parte de usted.
Avance con fe, no con miedo.
Cuando Israel se encontraba a las puertas de la Tierra Prometida, los doce espías vieron la misma tierra y a los mismos gigantes. Diez regresaron y dijeron: «y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas» (Números 13:33). Pero Caleb lo vio de otra manera y dijo: «Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos». (Números 13:30).
La diferencia no radicaba en lo que veían, sino en quién confiaban. Como Josué y Caleb les dijeron al pueblo: «con nosotros está Dios; no los temáis». (Números 14:9).
En los próximos meses, podríamos enfrentarnos a grandes desafíos: un diagnóstico, la pérdida del empleo, problemas familiares, noticias preocupantes a nivel mundial. La promesa de Dios se aplica a todas estas situaciones: «Nunca te dejaré ni te abandonaré» (Hebreos 13:5). Así como Pablo lo hizo, podemos decir: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).
Sigue caminando
La fiesta ha terminado, pero el camino continúa. Hemos dejado nuestros hogares temporales y regresado a casa, pero seguimos siendo peregrinos: personas con un destino, una promesa y un Dios que siempre está con nosotros. La fiesta nos mostró hacia dónde nos dirigimos, al día en que «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres» (Apocalipsis 21:3) y él enjugará toda lágrima.
Así que mantenga esa visión presente. Enfrente a los gigantes con fe. Dé gracias cada día. Y, como hizo Israel a orillas del mar, ¡siga adelante!
