"Totolapan" es de origen Náhuatl y quiere decir "lugar de aves".
A tan sólo 55 minutos de las oficinas de la Iglesia de Dios Unida en México, se encuentra un santuario natural al aire libre compuesto por encinos, pastizales, oyameles y bosques mixtos, en las faldas occidentales del volcán Xitle. Ubicado al sur de la capital, San Nicolás Totolapan fue nuestro punto de encuentro para el «Challenger» (desafío) y para incursionar en el apasionante campismo; una práctica muy beneficiosa que ayuda a reducir el estrés reconectando con la naturaleza, desconectándonos de la vorágine tecnológica que la rutina laboral nos absorbe.
La zona para camping del parque es muy apropiada y segura.
Una actividad muy bonita, sin duda alguna; convivencia muy sana en todo momento, actividades relajantes y fue muy bueno salir de la zona de confort, alejarnos de los teléfonos por un momento. Este tipo de actividades o campamentos me gustan mucho, porque me ayudan a fortalecer mi conexión con Dios y con las personas de la Iglesia; ya que se comparten historias que cada uno ha vivido en torno a la Iglesia. Es muy bonito y especial compartir estas cosas con más personas. Angie Valeria Morales
Las dos noches que acampamos fueron suficientes para vivir una aventura en medio de necesidades básicas; encantándonos con un estilo de vida más simple, sin electricidad y sin siquiera 1 rayita de señal en nuestros teléfonos inteligentes.
A nuestra llegada, tuvimos que levantar las casas de campaña con la ayuda de luz artificial.
El Sr. Javier Medina desempeñó un papel crucial: su espíritu de servicio (y su sazón) se presentaron con cordialidad al grupo, permitiendo degustar cada comida con placer, entre sonrisas y diálogos cordiales.
Al agradable calor de la leña degustamos malvaviscos árabes (gracias Sr. Ernesto Sánchez).
Las actividades y desafíos incluyeron montar las carpas en la oscuridad, una caminata a la cumbre, visitar una pequeña granja, hacer tirolesa y, aunque fue algo sencillo, fue muy rico disfrutar de salchichas y malvaviscos al calor del abrazador fuego; algo muy apreciado en el fresco y oscuro bosque.
El grupo de jóvenes en la cima después de una caminata de una hora y media.
Sinceramente, ir de campamento es de esas experiencias que te sacan por completo de la rutina. Al principio, lo de no tener señal o dormir en una tienda de campaña puede dar un poco de flojera, pero una vez que estás ahí, te das cuenta de que lo necesitabas.
Lo mejor es la desconexión real; te olvidas del estrés y de estar pegado al celular todo el día. Lo más intenso, sin duda, fue subirme a la tirolesa. Al principio me dio muchísimo nervio ver la altura, pero una vez que te lanzas, la sensación de libertad y la adrenalina son increíbles; sientes que vuelas sobre los árboles. Al final, aunque termines cansado y con ganas de un baño caliente, regresas con la mente despejada y con historias que siempre vas a recordar. Josué Hernández
El entorno pacífico propició la apertura de una interesante conversación con la interrogante «¿Qué es lo que nos desconcentra?». Los resultados fueron nutridos y variados, enriqueciendo la experiencia y exhortando el análisis colectivo y particular de los entusiastas campistas.
En la montaña el calor de la leña se disfrutó como nunca.
La salida al lugar la hicimos el sábado después de la comida y el regreso fue el lunes después del mediodía. El retorno fue tranquilo, sin mucho tráfico y a buen tiempo para volver cada uno de nosotros a sus casas y prepararnos para la semana. Estamos alegres de haber podido compartir con el joven Christian Cueto de Chiapas, único representante foráneo de este evento.
Angy fue la primera en lanzarse al bosque en la tirolesa.
Agradecemos mucho a Dios por esta oportunidad tan especial que pudimos ofrecer a este grupo importante de la Iglesia, al cual estamos tomando en cuenta para escuchar, educar, guiar y amar. Gracias a todos por sus oraciones y gracias a los entusiastas valientes que pudieron participar. Esperamos que, para la próxima, se animen unos cuántos más. El próximo «Challenger» te espera.