Cupido no tiene sentido - 11 feb 2016

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Sin duda alguna, en estos días usted ha visto las calles teñidas de un color febril rojo o rosa, y todas sus variaciones con figuritas simpáticas a la disposición y el alcance del bolsillo; y si no, en cómodas cuotas para así satisfacer a otra persona por la cual tenga usted algún sentimentalismo. Quizá no tiene nada de malo regalar una tarjeta a alguien (sobre todo jóvenes); quizá escribir todo lo bonito que siente por ella o él, en este día tan especial, no sea tan malo... ¿o sí?

Responderemos esta pregunta después de hablar sobre un niño rechoncho que, vestido apenas por unos trapos, nació con alas para volar y en sus manos carga un arco y flecha para disparar. Pero no piensen que es para matar o algo así; su misión es “enamorar”. Está “vestido de amor” y es extremadamente tierno, simpático e inofensivo.

Pero el lado oscuro de la luna es justamente oscuro porque no le llega la luz. Tomemos a este infante y llevémoslo de sus alas a la luz, donde encontraremos información muy interesante…

Por su nombre “Cupido”, se manifiesta como el hijo de Venus, sensual diosa del amor, de la belleza y de la fertilidad de Roma. Claramente, Venus es producto de la helenización en Roma, a quien antes se le llamaba Afrodita; linaje que continúa en la mitología con nombres tales como Tamuz, Istar, Semíramis, Astoret y Astarté, reina de Babilonia, que fue adorada como una diosa en el 3.000 a.C., en Babilonia. Venus (y todos sus nombres) fue la madre del no menos conocido cazador Nimrod, y su esposo fue Júpiter (deidad del dios Sol) que fue reemplazado cuando murió Nimrod y resucitó milagrosamente del vientre de Venus para ser nuevamente su hijo glorificado, pero ahora también, su esposo. Vaya teleserie.

Lo importante de este enjuague novelesco es que exhibe la conexión de Cupido con Nimrod, el primer cazador vigoroso, que la Biblia describe como un rey-sacerdote, quien lideró a la civilización de Babel a edificar una ciudad y una torre.

Entonces, Nimrod llega cada mes de febrero con su arco y flecha buscando a quien enamorar. Pero lea el siguiente extracto del escritor Nigel Pennick, en su libro “The Pagan Book of Days” ("El libro de los días paganos"): “El nombre de este mes proviene de la diosa romana Februa y Santa Febronia (de Febris, la fiebre del amor). Ella es la patrona de la pasión del amor… Sus ritos de orgía eran celebrados el 14 de febrero – que todavía se celebra como el día de San Valentín- cuando, en los tiempos de Roma, los jóvenes hombres escribían el nombre de sus parejas femeninas en un listón… Esto era un momento para tener una clara visión hacia otros mundos, por medio de festivales de purificación. El primero de febrero es la celebración de una de las cuatro fiestas de purificación celta llamada Imbolc. El 2 de febrero le sigue el homólogo de los cristianos, con la fiesta de la Candelaria, como la purificación de la virgen María” (p. 37).

Un 14 de febrero del siglo III murió un supuesto mártir llamado “Valentín” en Roma. Convenientemente, murió 1 día antes de la fiesta pagana Lupercalia (fiesta de la purificación); por lo que el papa Gelasio I, tal como lo hacen hoy las cadenas de comida rápida, aplicó un suculento “2x1” para que todo el mundo estuviera feliz por la muerte de una persona, y por la oportunidad de tener un día de placer sensual para purificarse.

Hay mucha información respecto a estas raíces sincréticas que se han ido fusionando unas con otras; tal como lo hace una cinta adhesiva que, al pegarla en varias superficies, es difícil saber qué elemento se adhirió primero. Pero con la historia podemos saber más, y la información que se obtiene no se contradice.

El error que repetidamente se vivió en el antiguo Israel fue la idolatría. Esta mezcla fue muy tóxica y siempre llevó por un mal camino al pueblo de Dios, llegando al punto de sacrificar sus propios hijos en el fuego (para el dios pagano Moloc) e incluso, en momentos extremos de carencia, de comérselos... Sí, dije bien, ¡de comérselos! (ver Deuteronomio 28:15-53 y 2 Reyes 6:28-29).

Dios desea que nos purifiquemos no con ritos ancestrales paganos, sino por medio del sacrificio y la sangre de Cristo, quien es el único mediador para poder acceder al Padre. No podemos servir a dos señores dejándonos cautivar por la figura de un "niño semi-dios" que dispara flechas de “amor”. Si usted quisiera saber qué es realmente el amor, sabe muy bien que Dios lo describe en 1 Corintios 13 con lujo de detalle. Lo invito a leer todo el capítulo.

Dios busca a verdaderos adoradores de tiempo completo, no a quienes se dan paréntesis para claudicar temporalmente su profesión. Adorar a Dios “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24), implica llevar una vida limpia y sin contaminaciones de las barbaridades que el hombre ha inventado a lo largo de la historia, que no son más que copias piratas de Satanás de la correcta manera que Dios ha instruido al hombre para adorarle, desviando su camino, lamentablemente, hacia un tronco de madera, un pedazo de yeso, un polímero pintado con luces y colores llamativos, entre otros. Este tipo de fiestas no debe celebrarse por ninguno de nosotros.

Podemos demostrar amor a nuestros seres queridos cualquier día del año. Así también, podemos alejarnos de estas festividades disfrazadas de buenos adjetivos (aunque una mona que se vista de seda, siempre seguirá siendo una mona) y enfocarnos en demostrar amor a Dios, pero ¡todo el año! ¿Cómo demostrar amor a Dios? La respuesta está en 1 Juan 5:2.

El cupido que vemos volando en este mes febril no tiene ningún sentido para nosotros, más que querer desviarnos de nuestra profesión. Su vuelo es errante y se ha estrellado con la inmarcesible e inmutable verdad de Dios.

Adoremos a Dios y busquemos su guía. Amemos a Dios en espíritu y en verdad. ¡Que tengamos un excelente sábado!