Francisca Chávez - 29 oct 26
Hoy en la mañana llegué a la ciudad de Monterrey, tras haber estado acompañando a nuestro estimado don Victorio, quien, tras haber estado casado 64 años con su amada «güerita», ahora se ha despedido por un breve período.
Francisca Chávez, a quien por cariño se le decía «Panchita», falleció este martes por la mañana camino al hospital, después de habérsele obstruido sus pulmones.
Ella deja a su familia y a aquellos que la conocemos: un testimonio inquebrantable de espera en el Reino de Dios, en un reposo que anhelaba debido a la vulnerabilidad de su cuerpo.
Según su «viejito», ella no dejó temas pendientes y se fue a descansar en verdadera paz. Todos pudimos confirmar esto con la última expresión de su rostro inmóvil tras el vidrio que nos separaba de ella.
«Gracias a Dios» fue la repetida frase que me dijo tan solo la semana pasada que hablamos por teléfono. A pesar de su estado tan delicado, ella daba gracias a Dios, una y otra vez.
Nosotros agradecemos a Dios por haberla conocido y porque ahora descansa esperando la resurrección de los muertos, una esperanza muy clara y consistente descrita en la Biblia que todos abrazamos.
Don Vic la cuidó con tanta delicadeza y dedicación hasta el último momento que estoy seguro de que cuando ella resucite, lo primero que hará será buscarlo y decirle: «Gracias, viejito, por haberme cuidado siempre».
Él estuvo complacido y agradecido por el acompañamiento de varios familiares, amigos, vecinos y hermanos y hermanas en la fe. Unida estuvimos y seguiremos estando con él en esta nueva etapa de su vida que inicia a sus 85 años de edad.
Un momento de tristeza, alivio, congoja, descanso tuvimos esta semana.
Gracias a Dios que nos acompaña en todo nuestro camino, lleno de enseñanzas, oportunidades y muchas, muchas bendiciones.
Que Dios nos ayude siempre.
Queridos hermanos en la fe, me siento grandemente agradecido por cada uno de ustedes por sus palabras de apoyo, de gratitud, de oración que tanto necesito para que Dios me fortalezca y me ayude para administrar bien el tiempo que voy a tener a partir de hoy y que Dios me permitió ver por mi esposa amada, mi güerita, que yo le decía de cariño desde nuestra juventud. Cumplí con ella hasta donde Dios me permitió ver por ella. Muchas gracias, hermanos.
− Victorio Castro, Monterrey.

Escrito por Gabriel García