Visita Acapulco - 28 nov 23 - Otis
Debido a la gran devastación que ocurrió en el puerto de Acapulco el miércoles 25 de octubre en la madrugada, las casas de los hermanos de la iglesia también se vieron afectadas.
Con la intención de conocer el estado de los miembros, la Iglesia de Dios Unida en México en conjunto con Good Works llevamos a cabo una visita a todas las casas de los hermanos en Acapulco, Guerrero, para poder hacerles llegar una ayuda, y para cuantificar los daños que sufrieron.
Todo inició el martes 28 de noviembre. En primera instancia nos reunimos Roberto Hernández (Ciudad de México), Jesse Api (USA), y Gabriel García (Ciudad de México).
El Sr. Api vino a México como representante de Good Works, e hizo un trabajo muy dedicado durante toda su estadía.
Para poder llevar todas las donaciones, emprendimos nuestro viaje utilizando el vehículo de la iglesia en Tabasco.

La capacidad de 15 pasajeros fue un acierto para poder así cargar todas las ayudas provenientes de los miembros del país, así como los variados enseres que fueron entregados por Good Works.
Se debe hacer una mención honrosa al Sr. David Alejandro, porque tuvo la valentía de viajar todo el día lunes, desde Paraíso, Tabasco, a la Ciudad de México para poder disponer del transporte para la misión. Una vez que hizo entrega del vehículo, emprendió su camino de regreso al sureste. ¡Muchas gracias!
Una vez dispuestos con la carga y los ánimos bien puestos, por alguna razón, sin explicación científica, la camioneta solo anduvo tres cuadras, y nuestro conductor se percató de que no tenía fuerza de aceleración. Moisés Cruz estuvo trabajando arduamente con el Sr. Api para resolver el o los problemas. Fueron momentos preocupantes porque la noche se nos venía encima.
Después de revisar cientos de factores, entre las cuales nos dimos cuenta de otros detalles que aprovechamos de corregir, después de un retraso de tres horas, la camioneta respondió. De inmediato emprendimos rumbo a Iguala, nuestra primera parada, donde nos esperaba el Sr. Antonio y su esposa, la Sra. Norma de Aguilar.
La llegada fue mucho más tarde de lo planificado, pero eso no fue impedimento para cenar alegremente con la familia, y así descansar brevemente, ya que nos esperaba una larga jornada. El Sr. Antonio fue nuestro cuarto acompañante.

A las 04:14 de la mañana salimos de Iguala, cuna de la bandera nacional, y teniendo la luna radiante arriba y una neblina densa al frente, enfocados, nos dirigimos al puerto.




La entrada a Acapulco nos tenía a todos expectantes, ya que es muy diferente experimentar una mirada real en el mismo terreno que lo que muestran los medios de comunicación.
En efecto, la marca de la fuerza de la naturaleza se veía en todos lados: árboles, postes, alumbrado público, espectaculares, y todo lo que Otis quiso destruir a su paso. Fue un impacto grande para todos.
Si bien es cierto que los caminos de la ciudad están bastante despejados y con mucha presencia militar, las calles aledañas que se dirigen hacia los cerros y otras poblaciones, siguen cortadas por algunos árboles y postes, y no hay elementos de seguridad.

Así llegamos a la casa del Sr. Celestino, su esposa Lidia Ramírez de Martínez y su joven hijo Jair. Ellos viven hacia arriba del cerro, al lado de un monte. Tienen una tiendita, y rentan sillas y mesas para eventos. Gracias a Dios que la destrucción no llegó adentro de su casa, sino más bien en la planta alta, donde la ligera techumbre fue completamente desgarrada.

En el peor de los momentos ellos pensaron: “Hasta aquí llegamos”, y se encomendaron a Dios. El deslave del monte no fue menor, y tampoco lejos, ya que ocurrió a pocos metros de su casa. Además, pocos metros hacia arriba, una gran piedra fue detenida por un árbol. La historia de ellos podría ser muy distinta, pero Dios estuvo protegiéndolos en todo momento. Muy agradecidos quedaron con lo que les llevamos, y saludan con mucho afecto a toda la iglesia.

Nuestro próximo destino fue la casa del Sr. Justino Barrios. Fuimos dirigidos por la Sra. Alicia de Barrios, a quien recogimos en la gasolinera más cercana. El camino estuvo algo complicado porque muchas calles estaban cerradas. Nos contaron cómo vivieron la noche, resguardados en la planta baja, mientras la planta alta era completamente desmembrada de su techumbre, y el agua entraba a sus habitaciones como verdaderos ríos.
El momento más tenso fue la sacudida del techo de su enramada. En un momento dado, la palmera frente a ellos parecía de papel, y todas las láminas ondulantes causaron un gran estruendo previo antes de desprenderse completamente. El Sr. Barrios nos dijo que le dijo a Dios esa noche: “Llévate todo, pero cuídanos, que no nos pase nada”.

Así fue como ocurrió con ellos, gracias a Dios están con vida, agradecidos y contentos con el Creador porque los cuidó. Quedaron muy contentos con lo entregado y envían mucho afecto al pueblo de Dios.
Luego nos dirigimos hacia la casa de la familia Hernández, compuesta por varios miembros. Vimos la zona algo deteriorada, ya que las aguas estaban rebalsadas y se movían cuesta abajo. Ellos nos esperaban contentos, y tuvimos una conversación muy amena.

Recordaron al Sr. Api, quien hace un año había estado aquí mismo compartiendo con la familia. Los cuartos tuvieron ciertas afectaciones y nos contaron cómo vivieron la terrible noche, donde ellos creían que no terminaría nunca.
La Sra. Yolanda de Hernández está muy dolida de sus rodillas, y el Sr. Artemio sigue todavía en tratamiento para sanar de su cirugía. Toda la familia envía muchos saludos, y agradecen por las oraciones.

Nuestro cuarto hogar fue la casa de la Sra. Olivia, Vinalay, viuda de Ramírez, quien vive con su hija Miriam.
Una refrescante agua de horchata, ensalada de atún, arroz, puré y pollo, fue nuestro menú de la tarde. Compartimos con ella un buen momento, y su alegría y sonrisas, a pesar de lo sucedido, fue algo realmente inspirador.

El carácter de la Sra. “Oli” no es de quedarse quieta. Nos contó que participó ayudando a algunas personas en la distribución de canastas a otras familias y personas necesitadas en los momentos más críticos. Su patio fue completamente levantado y perdió varias cosas.

Pero no se quedó de brazos cruzados, ya que limpió todo, y volvió a levantar su techo como pudo. Tan alegre se quedó, que nos quiso acompañar ahora a nuestro último lugar, la casa de Roxana.
A su casa entró mucha agua, y elevó parte de su techumbre. Junto con su hijo se refugiaron en un cuarto aquella infame noche, y en la oscuridad no solo escuchaban el fuerte rugir del viento, sino también gritos de personas pidiendo ayuda.
Su madre, la Sra. Eva, vive unos metros cuesta arriba. Pensaron en ir a buscarla, pero era una travesía imposible, ya que volaban elementos pesados que perfectamente podrían herir a todo aventurado. Su madre sobrevivió por milagro. Su casa quedó destruida, y después de esa noche, ahora vive con su hija.

Todas las personas nos recibieron muy bien, y pudimos ver que fueron protegidos por Dios.
Las casas de la gran mayoría de la población de Acapulco son de material ligero. Estos techos de láminas fueron fácilmente volados por la fuerza del huracán, y alrededor de 7-8 techos de las casas que visitamos, sufrieron esta suerte. Debido a esto, algunas personas perdieron su ropa, electrodomésticos y camas.
Su estado actual es estable, pero necesitan evidentemente ayuda para reconstruir sus techos, así como organizar mejor sus viviendas, ya que varios tienen todas sus pertenencias guardadas temporalmente en otro lugar.
Se les hizo entrega de comida no perecible, agua, elementos de limpieza e higiene, así como una bocina con 60 sermones en una memoria USB.
Se visitaron 5 diferentes casas, donde viven alrededor de 15 personas, todos miembros de la Iglesia.
Se cuantificaron los daños y se estará trabajando en una siguiente visita para ayudarles con la reconstrucción de sus viviendas.
La visita fue una experiencia sin igual. Una ciudad devastada en todos los sentidos, pero pudimos ver el estado de ellos, el cual es de tranquilidad, agradecimiento, confianza y fe en Dios.
Por nuestra parte los pudimos animar y les hicimos saber que no están solos. Sus sonrisas serán para nosotros inolvidables.

Agradecimientos
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Agradecemos a Dios porque todo resultó muy bien durante la semana. Nos pusimos en sus manos y él nos llevó y nos trajo a todos con bien.
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Agradecemos de corazón a David Alejandro, quien tuvo la misión de traer el vehículo desde Tabasco al inicio de esta semana para poder utilizarlo en nuestro viaje a Acapulco.
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Agradecemos de corazón a la familia Aguilar, quienes dispusieron su hogar en Iguala como centro de operaciones para dirigirnos alimentados y descansados tanto para Acapulco, como para nuestro regreso.

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Agradecemos de corazón al Sr. Antonio Aguilar (Iguala), al Sr. Roberto Hernández (CDMX), al Sr. Jesse Api (USA) por haber emprendido esta aventura llena de aprendizaje.
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Agradecemos de corazón a los hermanos de Acapulco, quienes nos recibieron con alegría y regocijo en sus casas.
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Agradecemos a la iglesia de Dios Unida en México, por su preocupación y colaboración con canastas y recursos económicos para ayudar a los hermanos.
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Agradecemos a Good Works, quien ha querido estar presente con los aportes de muchas personas en el mundo.

por Gabriel García