El control del tiempo

La conciencia del tiempo es uno de los aspectos más subjetivos en América latina. Al parecer, todos los países de habla hispana tienen esa mala costumbre de que, cuando se les dice “nos vemos a las 3”, ambas partes saben que se refiere a las 4 o 5. ¿Por qué?
Culturalmente somos así. Fuimos enseñados por nuestros padres y abuelos de la misma manera y vamos heredando lo que todos hacen: estirar el tiempo como si se tratara de la teoría de la relatividad de Einstein; donde el tiempo, literalmente, se puede estirar.
El control del tiempo sí es importante
Pero el tiempo no se puede ni se debe estirar para nosotros, que vivimos dentro de cuerpos físicos limitados. Debemos considerar el tiempo como una variable absoluta y respetable.
¿Qué no sería honorable? Dar las siguientes respuestas cuando alguien nos espera:
“voy en camino” (cuando ni siquiera hemos salido de casa); “es que hay mucho tráfico” (no lo consideramos como un factor que siempre nos afecta); “en un segundo llego” (todavía nos faltan 45 minutos).
Todo lo anterior es una distorsión de la realidad del tiempo y un encubrimiento de la impuntualidad que todos tenemos, la mayor parte del tiempo; y, claramente, nada de esto es correcto.
Aunque algunas veces nos pueda costar trabajo, a algunos se nos inculcó la puntualidad desde pequeños; ya saben, vida del barrio, horarios de permiso que se acumulaban de manera negativa… todo eso nos enseña a tomar conciencia del tiempo y de darle honor, no pensar que no es algo tan relevante.
Dios es puntual
En este punto del artículo, quizá sea bueno analizar cómo es Dios con el tiempo. Y es que Dios creó el tiempo; por lo tanto, Dios no es impuntual.
Podemos ver un ejemplo que nos ayudará a esclarecer mucho este punto: cuando decidió traer el diluvio para destruir la Tierra, le ordenó a Noé hacer un arca de madera. Y, cuando llegó el momento, le ordenó entrar al arca, diciéndole: “Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice”.
Y exactamente así sucedió, justo a tiempo: “Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra” (Génesis 7:4, 10). ¿Qué hubiese ocurrido si Noé y su familia no hubieran estado dentro del arca, para cuando Dios les advirtió? Como vemos, tuvieron que ser puntuales, tal como el Dios al que servían.
De la misma manera, todas las profecías que Dios nos ha revelado se han cumplido en el momento exacto. Dios es un caballero y puntual de excelencia.
Puntualidad con las fiestas
Hablemos un poco sobre las fiestas santas, abarcando el mismo concepto de la puntualidad. ¿No nos pide Dios, acaso, puntualidad para guardar sus fiestas? El sábado comienza a la puesta de sol, no cuando uno quiera. El sábado es el séptimo día, no el segundo o el cuarto. Cada fiesta tiene sus celebraciones en sus tiempos, no cuando nosotros podamos ni cuando a nosotros se nos ocurra.
La puntualidad en el Club de Oratoria
En este Club de Oratoria, el control del tiempo es fundamental, crucial; ya que, por muy elocuente que sea su discurso, si se excede en el tiempo reprobará la lección.
Un buen ejemplo es la siguiente situación: En el año 2015, el ex-presidente americano Barack Obama fue uno de los 3 oradores invitados para dar una breve charla de 3 minutos a diferentes líderes mundiales, delegados y una audiencia de televisión global. Todo esto, en una ceremonia de apertura de las Conferencias de Cambios Climáticos de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
A pesar de habérsele avisado en reiteradas ocasiones que se había pasado del tiempo, Obama continuó hablando por, aproximadamente, 14 minutos. Según el reporte de las NBC News: “Después de 11 minutos, quienquiera que estuviese avisándole del tiempo, simplemente se dio por vencido, y no se escuchó nada más hasta que terminó su “breve” discurso de 14 minutos”.
Al parecer, Obama no comprendió que “Menos es más”. Tampoco entendió que, no por haber sido el presidente de los Estados Unidos, podía tomarse atribuciones que no le correspondían, ni se le pidieron.
En el Club se nos pide tomar conciencia del tiempo. Todo cuenta, y todo debe tener duración en las sesiones; desde el principio hasta el final.
Cómo desarrollar control sobre el tiempo
Ahora bien, ¿qué podemos hacer para desarrollar un mejor control del tiempo? Algunos tips que podrían ser de utilidad son los siguientes:
1.- Escribir todo lo que diremos, no sólo un punteo.
2.- Ensayar varias veces y tomar el tiempo cada vez.
3.- Aprender a acortar frases, improvisadamente, sin truncar la idea que estamos planteando.
En el Club de Oratoria aprendemos cómo tener un mejor control del tiempo. Esto, de una u otra manera, nos ayudará a desarrollar un mejor control de nuestras vidas. La disciplina de la puntualidad y del control del tiempo, será un buen ejemplo para nuestras familias y amigos. Da una imagen de seriedad, respeto y consecuencia en lo que estamos haciendo en la Iglesia y ahora, en el Club.