El vaso más bruto

En enero de 2021, el congresista americano Emanuel Cleaver, terminó una oración diciendo, en vez de “amén”, “amén y awomen”. Dijo esto porque “men” significa “hombres” en inglés, y “women” significa “mujeres”. Todo esto, a fin de mostrarse inclusivo con las mujeres. Se volvió el tema del año, cuando es algo bastante absurdo. Pero se llevó a cabo de manera oficial en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, en la primera reunión del nuevo Congreso del Sr. Joe Biden.

El principio de ser inclusivo no es malo, pero vemos que, la gran parte del tiempo, recae en lo absurdo. Una simple palabra no produce el efecto esperado por arte de magia, sino solo apariencia. Una real solución del pleito entre hombres y mujeres tardará mucho más que sólo intentar modificar una palabra en un idioma diferente, en un contexto “solemne”, como lo fue aquella oración del señor Cleaver.

Como varones de la Iglesia, es una gran oportunidad de hablar sobre un tema que nos compete a todos: la virilidad. Vamos a hablar algo acerca de las mujeres, pero principalmente de nosotros, los varones, que tenemos un trabajo muy importante que hacer.

Tenemos el mismo potencial espiritual

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
— Génesis 1:26-27

Notemos que, tanto el hombre como la mujer, fueron creados a imagen y semejanza de Dios.

Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados.
— Génesis 5:2

Comúnmente creemos que “Adán” es únicamente el nombre de un hombre, pero en realidad puede referirse a la raza de la humanidad. En hebreo, la palabra que se utilizó para “Adán” fue “Adam”; y significa algo como “mostrar sangre (en el rostro)”, es decir, “rubor” o “enrojecerse”.

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
— Génesis 1:28

Dios hizo al hombre y a la mujer como un buen equipo para que tuvieran dominio sobre la tierra y sobre los animales.

Claro está que hubo diferencias físicas entre un hombre y una mujer (las que siguen existiendo), pero no a nivel moral ni espiritual; porque esto es, justamente, lo que nos diferencia de los animales: la capacidad de pensar y nuestro potencial de ser hijos de Dios. El punto es que podemos entablar una relación con Dios al mismo nivel, tanto hombres como mujeres.

¿Qué implica ser una "ayuda idónea"?

Ahora bien, hablando de esas diferencias (y también similitudes), notemos algo interesante.

Y dijo el Eterno Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.
— Génesis 2:18

Al mismo nivel y con el mismo potencial, la mujer fue creada como una “ayuda idónea”, con una aplicación complementaria para el beneficio del equipo.

La mujer apoyaría al varón en sus responsabilidades, pero también estaría “en contra” de él si Adán no cumple sus tareas. La ayuda idónea es: apoyar lo bueno y amonestar lo malo, al mismo nivel moral y espiritual.

El origen de la sumisión de la mujer

Por su estructura física y, por ende, los roles apropiados para ella, sí había diferencias. Pero fue Satanás quien atacó esas diferencias, para volver a las mujeres en contra de los varones.

La mujer tomó una decisión sin consultar al varón, ni mucho menos a Dios. El varón accedió sin consultar a Dios. ¿Cuáles fueron las consecuencias? El hombre trabajaría mucho, mucho, mucho más duro; la mujer, tendría más dolores en sus partos y, según Génesis 3:16: “... tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”.

Esto es un gran problema: originalmente se le destinó a la mujer que, junto con el hombre, tuvieran dominio sobre la tierra (ambos, en conjunto), pero ahora el hombre tendría dominio sobre ella.

Todo se echó a perder

Con la aparición del pecado, la relación se puso mucho más distante y desconfiada: sintieron recelo entre ellos por lo que buscaron cubrirse.

Han pasado 6.000 años y la historia del hombre y la mujer muestra exactamente lo que Dios sentenció acerca de la relación entre ambos. Lamentablemente, la balanza sobre quién es más abusado normalmente se inclina hacia la mujer; aunque debemos decir que hay abusos desde ambas partes, y todo abuso es inaceptable.

Cómo debe ser en la Iglesia de Dios

Esto no debiese de ocurrir en un matrimonio de la Iglesia, pues tenemos principios de respeto entre ambos. Veamos lo que, magistralmente, nos enseña Pedro sobre las grandes diferencias, a fin de que seamos conscientes:

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.
— 1 Pedro 3:17

Leamos ahora la versión Lenguaje Sencillo para que quede más claro lo que quiso transmitir el apóstol:

En cuanto a ustedes, los esposos, sean comprensivos con sus esposas. Reconozcan que ellas no tienen la fuerza de ustedes, pero que también a ellas Dios les ha prometido la vida eterna. Si ustedes lo hacen así, Dios escuchará sus oraciones.

Los varones, y esto incluye a los jóvenes también, por naturaleza no somos “los vasos más frágiles”, sino que somos “los vasos más brutos”.

La gran responsabilidad del "vaso más bruto"

Dentro de este concepto de ser los “vasos más brutos”, tenemos una responsabilidad muy grande, la cual tendemos a olvidar: somos los vasos brutos quienes tenemos que recibir mucho más el peso emocional de cualquier situación difícil que podamos vivir, en el mundo y en nuestra familia.

Como hombres, que amamos a nuestras madres, esposas, hermanas, hijos e hijas, somos responsables de cargar con más preocupaciones que ellas, porque las mujeres son más frágiles en lo emocional. Además de eso, por si fuera poco, tienen un ciclo biológico que las hace más vulnerables y sensibles. Para eso estamos usted y yo, varones de la casa; que apoyamos soportando las vicisitudes, como un equipo.

¿Cómo podemos ser buenos vasos brutos?