Las regla de tres

La regla de tres

Si usted es un orador o tiene un discurso “de corazón a corazón” asignado, podría ser desafiante expresar sus sentimientos con claridad.
Alan Alda[1] recomienda no entregar más de 3 puntos, explicando ideas complejas

Quizás esto te suene familiar: estás expresando una idea, un pensamiento, un sentimiento difícil y, hasta ese momento, todo parece ir bien; la audiencia asiente con la cabeza en los momentos adecuados, tu cadencia va con fluidez y elocuencia, usaste correctamente palabras poco conocidas, entre otras cosas... en definitiva, tienes a tu público oyendo atentamente. Tomas un respiro profundo, preguntas qué opinan ellos, pero te das cuenta de que lo están mirando con esa mirada... bocas entreabiertas, cabezas inclinadas con expectación y los ojos entrecerrados como si acabasen de salir del examen de vista más extenuante del mundo. Te acabas de dar cuenta de que, ahora, todos están más confundidos que cuando comenzaste a hablar.

Ya sea porque está trabajando o porque está impartiendo un discurso, la vida está llena de este tipo de conversaciones. Alan Alda[1:1], actor y comunicador profesional, comparte esta “regla de 3” para una comunicación más efectiva y empática.

1. No entregue más de 3 puntos

El cerebro humano solo puede albergar cierta cantidad de información en su memoria a corto plazo. El número que se repite a menudo es siete elementos (o fragmentos). Ese número proviene de una investigación de la década de 1950 y se ha reforzado en nuestro subconsciente colectivo, por el hecho de que muchísimas cosas ocurren en grupos de siete. Piense en que, antes de la llegada de los celulares, la gente pasaba mucho tiempo memorizando números de teléfono de 7 dígitos.

Sin embargo, las investigaciones posteriores sugieren que la memoria a corto plazo es mucho menos sólida, alcanzando un máximo de apenas tres a cinco elementos.

Si tienes la edad suficiente para recordar cuando memorizabas números de teléfono, reconocerás cierta verdad en esto: nadie asimilaba cada dígito a la vez. En su lugar, dividían el número en fragmentos más pequeños que aprendían por separado; la mayoría de las veces: el código de área (tres dígitos), el prefijo (tres dígitos) y el número de suscriptor (cuatro dígitos). Solo con el tiempo, la repetición y la práctica, un número entraba en la memoria a largo plazo como una sola entrada en el fichero mental de alguien.

La memoria a corto plazo no funciona mejor con ideas o pensamientos que con los números de teléfono. Solo puede retener un número limitado de temas y variaciones y, una vez que está llena, necesita borrar información vieja para cargar algo nuevo.

2. Explica las ideas difíciles de tres maneras diferentes

“Si tengo algo difícil de entender, si hay algo que creo que no va a ser tan fácil de captar, intento decirlo de tres maneras diferentes. Creo que si abordas las cosas desde diferentes ángulos, tienes una mejor oportunidad de obtener una visión tridimensional de esa idea difícil”.

Una forma de aprovechar esta estrategia es a través de la metáfora. Cuando Barbara Oakley escribía su libro, se puso en contacto con profesores que tenían altas calificaciones por sus habilidades de enseñanza. Descubrió que, en todas las disciplinas, los mejores profesores eran estrategas de las metáforas. Ellos hacían analogías de conceptos clave o ideas difíciles para explicarlos mejor.

Según Oakley, las metáforas funcionan al basarse en patrones existentes establecidos por aprendizajes previos. Esos patrones existentes ayudan luego a crear nuevas redes neuronales para incorporar la nueva información. Un profesor de física, por ejemplo, puede explicar el alucinante concepto del universo en expansión comparándolo con cómo... Una metáfora así ayuda a los estudiantes a conectar lo cosmológicamente grande con algo que ya han experimentado en la Tierra.

Esta estrategia no rebaja el nivel del concepto, sino que lo hace identificable y, por lo tanto, más fácil de entender, logrando esa “visión tridimensional” que defiende Alda. Otras estrategias útiles pueden incluir ejemplos, elementos visuales, cambiar el marco de referencia y ofrecer una comparación de "esto, no aquello".

3. Expresa los puntos importantes tres veces

La repetición es una poderosa herramienta de comunicación porque nos ayuda a identificar la información clave y a transferirla de la memoria a corto plazo a la de largo plazo.

Cuando se trata de aprender, el mejor tipo de repetición es la espaciada. Ya sea que estés memorizando un número de teléfono o una ecuación física compleja, revisar y aplicar la información a lo largo de varias semanas la consolida en tu cerebro al desarrollar y fortalecer los patrones neuronales donde se aloja la información. Este proceso explica por qué las tarjetas de memorización (flashcards) son una herramienta de estudio tan eficaz.

En algunas relaciones cercanas, la repetición espaciada es una herramienta fenomenal. Los profesores, padres, psiquiatras o directores de equipo pueden usarla para volver a ideas difíciles y reforzarlas a lo largo de muchas conversaciones.

Pero el tiempo es más limitado en otro tipo de relaciones. Aun así, la repetición sigue siendo una herramienta útil. Cada vez que repites algo, indicas que esa información es importante y que se debe prestar atención. Es la razón por la que los escritores de canciones, discursos y soliloquios usan la repetición con tanta libertad. Piensa en el discurso "I Have a Dream" (Tengo un sueño) de Martin Luther King, Jr., los muchos soliloquios de Shakespeare y, por supuesto, "Single Ladies" de Beyoncé.

Expresa tus pensamientos claramente a través de la conexión

Pero Alda advierte que los consejos solo te llevan hasta cierto punto y pueden dañar tus esfuerzos si intentas guiar tus conversaciones como una fórmula para replicar la obra maestra de otra persona. En su lugar, Alda sugiere que el verdadero corazón de la comunicación es la conexión. Tu objetivo no debe ser cautivar a tu audiencia con una metáfora creativa, una pausa significativa o un ingenio. Eso es retórica, no comunicación.

“Un consejo es solo una intelectualización de eso, lo cual podría estar bien dárselo a alguien una vez que tenga la base en la capacidad de conectar, pero debe surgir de la conexión. No debería ser una casilla de verificación que vas marcando”, dijo Alda.

En última instancia, tenemos que construir una conexión lo suficientemente profunda para que las estrategias de comunicación funcionen. Estas conexiones te ayudan a entender cuándo necesitas ir más despacio, repetir una idea clave o explicar las cosas desde otro ángulo.


Fuente: 3 rules to express your thoughts so that everyone will understand you


  1. Aunque es más conocido por su papel en la serie de situación de los años 70 MASH, Alda es conferenciante, entusiasta de la ciencia y defensor desde hace mucho tiempo de una mejor comunicación científica. Ha entrevistado a científicos como presentador del programa «Scientific American Frontiers», ha ganado el Premio Kavli de Periodismo Científico de la AAAS y ha fundado el Centro Alan Alda para la Comunicación Científica en la Universidad de Stony Brook. ↩︎ ↩︎